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16 marzo 2010

De cuando haces humor inteligente…

Corre el rumor, pequeños atocinados adeptos de mi doctrina, de que lo que últimamente leéis aquí trata de humor inteligente. Esto, evidentemente, es muy malo. Realmente dañino. No exclusivamente para vosotros, también resulta tremendamente terrible para mí. Os preguntareis el porqué de este rotundo alegato, es que quizás estéis mimetizando hasta el extremo estos calamitosos momentos narrados, que por desgracia podéis acabar acomplejados. Y eso si que es tener muy mala suerte o simplemente carecer de alguna.

Reflexionad un poco, permitidme analizar momentáneamente toda esta situación. Es posible que, por aquello del azar recalasteis sin demasiadas pretensiones en este blog de desgracia y humillación pública, o puede que vengáis recomendados por algún fiel amigo, un abnegado familiar o tal vez por una conversación banal con vuestro camello habitual. De cualquier forma, todas esas sugerencias aludían a este espacio como un lugar de risa asegurada y de divertimento máximo.

 Pero entráis un tanto desconfiados y levemente nerviosos. Echáis un vistazo general, de arriba abajo, a un lado y al otro, sólo una ojeada superficial mientras esas palabras retumban dentro de vuestra cabeza, esos vocablos que os aseguraban, clamando por los dioses del Olimpo, que este lugar resultaba terroríficamente jocoso. ¿Y a vosotros?  A vosotros no os hace ni pizca de gracia. Joder, pensáis que a lo mejor es que tiene un doble sentido, que no lo entendisteis bien porque en realidad no prestasteis suficiente atención en la lectura.  Puede ser que las ilustraciones os hayan despistado un poquito o que de repente os percatáis que también hay videos y fotos. Es probable que todo el conjunto tenga algo de chiste.

Bien. No pasa nada. Volvéis a intentarlo. Con muchísima más atención retomáis desde el principio hasta casi parecer que tenéis la capacidad de entenderlo todo. Visualizáis los videos, contempláis las fotos y examináis las ilustraciones.  ¿Cómo es posible que siga sin tener nada de gracia? Os preguntáis maldiciendo al cielo. Es el momento en que perturbadoras imágenes de vuestro fiel amigo, y ese abnegado familiar, o tal vez el camello medio colgado que frecuentáis, aparecen desternillándose de la risa colapsando vuestra frágil mente. A todo el mundo le hace tanta gracia, que os acomplejáis. Inevitablemente caéis en la vorágine del posible tonto acomplejado.

Alcanzáis el extremo máximo de autodegradación, sosteniendo a pies juntillas que es humor inteligente para intelectuales asquerosamente inteligentes. Barajáis las repercusiones. Percibís que vais a llegar a casa y os preguntarán sobre todo esto. Comentarán pequeños detalles que para vosotros han pasado desapercibidos. Evidentemente, os reiterarán eso del humor inteligente y querrán conocer vuestras impresiones personales, ese momento ideal, vuestra  ilustración favorita o la gracia que tenia aquel video. Tristemente sabéis que nada más que un escueto “bien, bien” saldrá de vuestros sonrosados labios. Estáis seguros al cien por cien de que esto creará suspicacias variadas o interrogantes maliciosos.
Insistirán sobre si realmente os resultó entretenido y gracioso, provocando una acelerada huida cual gacela salvaje, perseguida por hienas asesinas. Esa cobarde huida compuesta por una afirmación gestual-craneal tan pobre y mísera seguida de una exclamación instando a que os dejen tranquilos.

Pero aún peor sería, si realmente le encanta, le fascina, y le divierte enormemente a vuestra pareja. Este acontecimiento puede provocar gran magnitud de rencillas y disputas conyugales nunca vividas hasta ese instante. Seguramente sea algo parecido a lo que expongo a continuación:
- Cariño ¿te gustó lo del humor inteligente? Lo que me río yo con esas tontadas. Os dirán.
- ¿Si? Preguntaréis con sarna y desdén. ¡Pues a mí no me hace gracia! Exultaréis al viento.
- Será que no lo entiendes. Replicarán consiguiendo acentuar vuestro complejo único.
Seguidamente esas palabras que han sido lanzadas con vil veneno, originarán una reacción en cadena tan desastrosa como el mismo huracán Katrina o quizás tan negra y oscura como el mojón de un niño recién comido.
- No. Escuetamente afirmareis. ¡Lo entiendes tú! ¡Lo entiendes tú! Incidiendo en la exacerbada expectoración. Lo has entendido tú, la inteligencia personificada en carnes flácidas y huesos “anchos”, ¿no? Preguntando retóricamente. La erudición llevada a la enésima potencia sexagesimal más infinito. El ser de intelecto superior que compró un DVD por ciento cincuenta mil pesetas, ¿no? Tú, tú, tú… Lo has entendido tú.

Así que al final, como veis, todo gira alrededor del blog. A vosotros ,que no sois ajenos a tales sucesiones, os afectará en todos los ámbitos. El intelectual, el sentimental, incluso el social. Será un boca a boca clásico, un oído a oído, quizás un pie a pie. Y darán comienzo las temidas habladurías, saliendo a la luz la portera en bata que todos tenemos dentro. Inevitablemente caerás en ese infierno pernicioso de burla ofensiva, ese círculo del horror comentado. Terminando por agarrar esa escopeta, recordad, esa escopeta de matar jabalíes concluyendo con un desagradable y España Directo suicidio.

Cayendo sobre mí esta brutal responsabilidad, estoy convencido por eso mismo que es bueno que simplemente acabéis fingiendo. Os riáis descuajeringados a mandíbula batiente, para que no os tomen por majaderos acomplejados. Brindándome de este afable, maravilloso y cordial modo ,el amor que todas las mujeres de pechos turgentes me han negado.




                                        
  



“El hombre con peor suerte del mundo”.


Corregido y etiquetado por Adriana Martín.

07 marzo 2010

De cuando comparti piso... Vol.1.

Yo fui universitario. Con todo lo que esto conlleva, entre otras muchas cosas como, la auto responsabilidad del abastecimiento nutritivo, el descubrimiento del aseo personal, el mecanismo de utilización de material de limpieza hasta entonces inédito o incluso las primeras experiencias con esa gran desconocida, la plancha. Pero lo que yo pasé es digno de incluir dentro de un imaginario decálogo de la mala suerte.

Compartí piso durante un largo y angustioso año en un coqueto pisito de la periferia Granadina. En esa santa casa vivíamos, en algún que otro periodo hasta diecinueve individuos, bueno veinte si contamos a mi amigo Jaime, el de las vegetaciones, que siempre estaba metido en casa comiendo Krispis de los del mono. Hubo hasta, ahora que lo pienso, veintiuno con un cámara de Andalucía Directo que vino a grabar un reportaje sobre el incipiente síndrome de Diógenes que al parecer padecíamos. Por lo visto le gustó el ambiente, las viviendas estaban un poquito caras  y pensó que entre tanta gente pasaría desapercibido. Lo descubrimos porque era el único que se afeitaba. Resultaba impresionante, cuando salíamos todos juntos a la calle,  aparecían los antidisturbios con gases lacrimógenos a deshacer la manifestación de hippies piojosos. 

 
 
 Al principio lo llevábamos bien, pero con el trascurrir de los días las desavenencias empezaron a surgir. Claro no todos estábamos en el mismo estado de ánimo, teníamos un examen al día siguiente o veníamos con ganas de marcha. Evidentemente esas estrecheces entre tanta gente comenzaban hacerse incómodas. Por ejemplo, por las mañanas en la cola del servicio, tristemente teníamos solo uno, la fila daba la vuelta a la esquina. Cuando el buen rollo imperaba pues Antonio, el hijo de la panadera, que estaba siempre muy animadote nos contagiaba arrastrándonos hacia una conga de jalisco matinal infinita. Lo malo era que al ser tantos generalmente teníamos que cenar pidiendo permiso en el salón de actos de la Escuela Secundaria del Zaidín.  Era allí donde las tensiones entre nosotros se podían cortar como la mantequilla fresca. Recuerdo aquel día en que celebrábamos el cumpleaños del cámara y Migue alias “el rumba” que era, es y será un tipo un tanto violento, decidió arreglar sus diferencias con nuestro camarógrafo favorito con una serie de indirectas, le regaló…. una maleta. Eso sienta como una buena patada en los testículos, creedme.

Pero bueno sigamos con mi caso personal, individual, propio y mío. Cuando te conviertes en estudiante y eso solo lo sabemos quienes hemos pasado por este estado, debes sin saber muy bien el porqué hacerte la comida.  Muy al contrario de lo que más de uno pensará la comida no se hace sola. Yo pensaba que se trataba de un ente maravilloso que residía dentro de la mesa del salón y que cuando volvías a casa del instituto te recibía con una serie de viandas y manjares exquisitos, aunque a veces se equivocara y pusiera lentejas. Esta circunstancia no resultó problemática para mi, ya que audazmente descubrí los beneficios de la pasta. Al principio la cocinaba de múltiples maneras, con su cebollita, su tomatito que yo mismo sofreía, panceta y nata, o gratinado, y tantas más. Lamentablemente, por causas económicas acabé comiéndomela con un chorreón de tomate frío. Hubo veces que incluso la tomaba sin ni siquiera escurrir, en malas épocas con apretamiento de cinturón, económicamente hablando, tomaba “pasta a las tres delicias” sin delicias claro.


Esto en realidad no duró demasiado, únicamente hasta que la ultima olla limpia se ensució, obligándonos a adentrarnos en la dieta americana. A decir verdad de vez en cuando también nos sumergíamos en el fascinante mundo del variante al Kebab, Swarma, Shaurma, y sus múltiples acepciones lingüísticas. Estaba, por supuesto, el micro ecosistema sándwich, con queso y mortadela, con mortadela y queso, con queso solo o solo mortadela. O como olvidarme de la sobrasada, esa nutritiva, sabrosa, e híper-calórica tripa roja, tan deliciosa y cremosita, la untábamos con el cuchillo grande de carnicero, y es que era el único que tenía espacios limpios.

 
 

En fin la vida independiente es muy dura amigos, tengo tantas efemérides recordables sobre ese periodo de mi desgraciada vida que otro día os contaré. No me espero más, me voy que tengo una lavadora puesta.

                                                                                

 







   “El hombre con peor suerte del mundo”.

01 marzo 2010

De lo que quería ser de mayor...

Toda aquella generación que nacimos en los años 80, padecimos durante años las temidas visitas, entre otros, de médicos ansiosos por aplicarnos vacunas experimentales contra multitud de males existenciales de la época, fumigaciones radiactivas por plagas de piojos, y lo peor de todo, aquellas inspecciones educativas que pretendían medirnos el coeficiente intelectual, y vaticinarnos nuestras aptitudes laborales para el futuro.

Pero claro es que yo siempre tuve tan mala suerte..........Y es que toda mi infancia quise ser un criminal, un delincuente habitual y quizás incluso hasta despiadado. Entiendo que os resulte gracioso, pero no es ninguna broma. Veréis, cuando yo iba al colegio y me hacían esos test insufribles todo el mundo tenia que ser algo. Ya sabéis lo que quiero decir, es que tenias que tener claro a que universidad irías, que estudiarías de mayor o si finalmente te decantarías por la muy denostada por aquella época, formación profesional, quien iba pensar que hoy por hoy un ciclo formativo tenga mejor salida profesional y resulta mejor remunerado que una carrera de cinco años. 
 

En fin, a mi de pequeño el crimen me parecía una buena manera de ganarme la vida, me resultaba interesante pues lo veía como una modo emocionante de vivir, es cierto no estoy mintiendo en absoluto. Por ejemplo no estás sujeto a ningún estricto horario laboral, sino que tienes tu propia hora de entrada y salida.  Además tener siempre un pequeño elemento de peligrosidad es muy atractivo.

Primero pensé en ser un timador profesional y claro utilizar mi prodigiosa inteligencia tanto como mi encanto personal para desvalijar a diestro y siniestro. También pensé en ser ladrón de guante blanco, en otra ocasión imaginé ser chantajista, me llamaba poderosamente la atención, hasta incluso jugué con la idea de ser asaltante sexual, creo que pude hacer mis primeros pinitos al respecto. Casi siempre con algún animal domestico.

 
 

También es verdad que tiene algún que otro inconveniente, por supuesto podían cogerme y pasar un largo tiempo entre rejas y tener que llegar a arrepentirme de haber elegido una vida delictiva. Pero yo creía definitivamente que merecería la pena, ya os lo he dicho tienes un horario estupendo, eres tu propio jefe, viajas muchísimo, hasta conoces gente interesante. Si lo piensas bien en general era un buen trabajo. 

 
  
 
Finalmente el hecho de tener que convertirme en homosexual siendo la zorrita de Raimundo también conocido como “martillo percutor“, esto solo para mimetizarme con el entorno carcelario claro esta. Estar obligado a pasar mis días en la cárcel pasando del taller de marquetería al de pintura y es que soy muy habilidoso. O incluso tener que ser el solista del coro, ya que siempre tuve una voz tan dulce y personal, me hizo realmente deshacerme de esta idea.

 
 
Hombre siempre me quedará la posibilidad poder meterme en política o hacerme sacerdote.

                                                           









  "El hombre con peor suerte del mundo".